Bouillotte

Un bar al que se va tanto por la música como por las tapas. El sitio debía transmitir esa energía desde el primer segundo y resolver dos cosas muy concretas: leer la carta desde el móvil y reservar mesa sin tener que llamar.
Lo que se construyó
Una identidad que se oye
Tipografía enorme, vinilos y naranja franco: el sitio prolonga el ambiente del local en lugar de neutralizarlo. Se reconoce el bar antes de leer una línea.
Una carta, no un PDF
Tapas, dulces, cócteles, spritz, vinos por copa: cada familia se filtra con un gesto y se lee en el móvil sin ampliar. Actualizar la carta ya no significa rehacer un archivo.
Reservar en dos gestos
El botón de reserva acompaña al visitante en todas las páginas: la mesa se toma cuando llegan las ganas, no tras una llamada perdida en pleno servicio.
Tecnologías
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